Hoy vengo a hablaros de mis aventuras con el relleno nórdico de mi cama. Era el verano pasado, cuando nos mudamos a nuestra nueva vivienda. No teníamos aun ni cama pero como ya sabíamos que tamaño iba a tener y eran rebajas, pues decidimos aprovechar para comprar las fundas nórdicas y el relleno.
En casa de mi madre siempre hemos funcionado con sábana bajera, encimera, manta, edredón y cuando nos adentrábamos en pleno invierno añadíamos una manta más. Total, mucho peso y un coñazo para hacer la cama. Por ese motivo optamos por un nórdico: haces ras y la cama está hecha.
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| Así de feliz, como la chica |
Y llegó el frío. Pero no el frío del que piensas que van a venir los pingüinos, no. Sino el frío de cuando empieza a hacer biruji. Y sacas el relleno nórdico para probarlo, a ver si es verdad que se adapta al calor corporal.... Esa noche fue terrible. Pasamos casi más calor que en verano. Si metíamos un huevo seguro que nos salía un pollito.
Así que decidimos usar un nórdico que teníamos de cuando vivíamos en casa de nuestros padres, que cuando llegaba el invierno del norte, pasaba hasta frío y tenía que poner una manta. Pues bien... pasamos todavía más calor!!! Más calor que la noche anterior... horrible vamos. Esta vez del huevo no hubiese salido un pollito, se habría frito! Ni el pie fuera de la cama nos salvaba!
Total, que al final optamos por la única opción que nos quedaba:
Entrados casi en noviembre, poner el maldito nórdico térmico y dormir con las ventanas de la habitación abiertas! Palabra de Gloom.
Y aún estamos con el nórdico, pero ahora se está mejor porque hace más fresquito y dormimos con las ventanas cerradas pero pronto viene la primavera. Volveremos a las ventanas abiertas en pleno abril? Ya veremos...


1 comentario:
jaja vaya paronáma, yo uso nórdico en la casa de mi novio desde noviembre, pero estos días que hacía un calor horrible, dormimos con las ventanas abiertas.
<3
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